Acuchillado de parquet: qué es, cómo se realiza y por qué transforma un suelo de madera
El acuchillado de parquet es uno de los trabajos más eficaces para recuperar un suelo de madera desgastado, arañado o envejecido por el paso del tiempo. A diferencia de otros tratamientos superficiales, este proceso actúa directamente sobre la capa superior de la madera, eliminando imperfecciones y dejando el parquet listo para un acabado completamente renovado.
El acuchillado de parquet en Madrid es un servicio altamente demandado porque Madrid cuenta con un gran parque de viviendas construidas entre los años 60 y 90, especialmente en barrios consolidados y zonas céntricas. En muchas de estas viviendas se instaló parquet macizo, un material de gran calidad que, con el paso del tiempo, presenta desgaste superficial, pero conserva una base estructural excelente. El acuchillado permite recuperar estos suelos sin sustituirlos.
¿En qué consiste el acuchillado de parquet?
El acuchillado, también conocido como lijado de parquet, es un proceso artesanal y técnico diseñado para restaurar la capa superficial de la madera.
El término tradicional «acuchillado» proviene del uso histórico de cuchillas o «rasquetas» metálicas para retirar el barniz y la capa superficial dañada. Hoy en día, el proceso se realiza con maquinaria especializada (lijadoras de parquet) que funcionan mediante varias pasadas de lija de distinto grosor.
Durante el proceso se eliminan: arañazos y marcas profundas, restos de antiguos barnices, manchas de uso, desniveles o desgastes por zonas de paso, etc.
Una vez la madera queda completamente limpia y uniforme, se prepara para aplicar un nuevo barnizado o aceite protector, que devuelve al suelo su aspecto original o incluso lo mejora con un acabado moderno y resistente.

Fases del proceso
- Inspección del estado del parquet. Se evalúan piezas sueltas, hinchadas o dañadas antes de comenzar.
- Lijado en varias pasadas. La madera se trabaja en diferentes granos para conseguir un acabado uniforme, eliminando imperfecciones sin dañar el soporte.
- Masillado de juntas y pequeñas grietas. Se utiliza una mezcla de resina con polvo de madera para dejar el suelo completamente sellado.
- Lijado fino de acabado. Se suaviza la superficie para que el barniz o aceite se adhieran de forma perfecta.
- Aplicación del barniz o aceite protector. Puede ser de poliuretano al agua, satinado, mate o brillante, según el estilo deseado.
Aspectos técnicos clave: El polvo y el acabado
El mito del polvo
Muchos clientes temen el acuchillado por el polvo. Hoy en día, los profesionales utilizan lijadoras con sistemas de aspiración integrados de alta potencia (lijadoras «cero polvo»). Esto minimiza la dispersión de partículas, haciendo que el proceso sea mucho más limpio y llevadero que en el pasado.
La elección del acabado
Una vez que la madera está desnuda, se tiene la oportunidad de elegir el tipo de acabado que definirá la durabilidad y el aspecto del suelo.
¿Por qué se realiza el acuchillado de parquet? ¿Qué beneficios aporta?
El motivo principal es renovar por completo un suelo de madera sin necesidad de cambiarlo. Invertir en el acuchillado no es sólo una cuestión estética, es una decisión inteligente que aporta valor y durabilidad al hogar o negocio. Entre sus ventajas destacan:
- Recuperación total del aspecto original del suelo.
- Mayor durabilidad y resistencia al desgaste.
- Aumento del valor estético y económico de la vivienda.
- Opciones de personalización: tonos, acabados y texturas.
- Eliminación de manchas, golpes y arañazos profundos.
En muchos casos, un parquet antiguo puede quedar como nuevo tras un acuchillado bien ejecutado, prolongando su vida útil durante muchos años.
¿Cuándo es recomendable acuchillar un parquet?
Se recomienda realizar este proceso cuando:
- El barniz está apagado o levantado.
- Hay muchas rayas visibles.
- Existen manchas que no salen con limpieza habitual.
- Se observan zonas más gastadas, especialmente en pasillos o entradas.
- Se desea cambiar el tono del suelo.
Aunque depende del uso, suele ser necesario cada 7 a 12 años, aunque un mantenimiento adecuado puede alargar ese intervalo.